UA-114415166-1

¿POR QUÉ HUALAÑÉ CELEBRA 90 AÑOS DE VIDA COMUNAL Y NO 105 DE VIDA PUEBLERINA COMO INDICA EL MONOLITO?

Hoy las bandas de guerra y las organizaciones desfilan hipnotizadas rindiendo honores a algo tan frío como un decreto.

Locales Mario Farías Contreras 17 de noviembre de 2018
thumbnail_monolito

Lo que la municipalidad de Hualañé está celebrando hoy es el decreto que nombra oficialmente a Hualañé comuna. O sea se festeja un trámite, un papel y un timbre. Lo que, desde un punto de vista, no tienen nada de malo, si de festejar se trata. Es como si, metafóricamente, un hijo es ilegítimo hasta que sus progenitores decidan darle un apellido e inscribirlo en el Registro Civil. Eso no cambia que ya existiera o haya nacido, solo que desde ese momento vendría a ser “reconocido” con un nombre oficial.

Lo que resulta curioso, por decirlo menos, es que nadie se haga cargo de conmemorar el aniversario de Hualañé como pueblo, como urbe, como existencia pueblerina, comunitaria, social, espiritual; el que si bien no tiene una fecha de fundación exacta, sí existe un punto de referencia nítido, preciso, por donde pasamos cada día y pareciera nadie ve o no quiere ver. El Monolito de Punta de Diamante – así, con mayúsculas – dice claramente que fue erigido el 30 de noviembre de 1963 para celebrar el cincuentenario de Hualañé, o sea los 50 años de vida. Siendo a mi juicio, una cuestión que resulta mucho más significativo del que te nombren comuna. Porque quiérase o no, Hualañé ya existía antes de tal decreto administrativo.

No tomar en cuenta este dato, más allá de los registros oficiales y del bendito protocolo, es simplemente faltar el respeto a toda esa generación de hualañecinos que valoró el pasado al construir el monolito como símbolo de la historia del pueblo.

Un monolito que es un modesto homenaje a las personas que fueron levantando Hualañé desde la llegada del ferrocarril (año 1912), un monolito símbolo de las instituciones que conformaron una vida comunitaria y en sociedad, a la cultura, al deporte, que existían de mucho antes que a alguien se le ocurriera nombrar a Hualañé comuna.

Pero repasemos la historia. Recordemos que una nueva división administrativa del país comenzó a regir a partir del 1 de febrero de 1928 y la comuna de Hualañé adquiere la calidad de tal por medio del Decreto con Fuerza de Ley (DFL) N° 8583 de ese año, quedando a su cargo las subdelegaciones de Licantén, Culencó y La Huerta, esta última era hasta entonces cabecera comunal, dependiendo del Departamento de Mataquito cuya capital era Curepto.

Desde aquel año el mapa comunal hualañecino ha sufrido un montón de modificaciones, siendo hoy completamente distinto a su original. Lo que hoy se festeja no se parece ni en lo más mínimo al dibujo comunal primogénito.

En 1936 la comuna sufre su primera modificación al subdividirse el Departamento de Mataquito en los Departamento de Mataquito y Curepto. El primero sigue perteneciendo a la provincia de Curicó y lo conforman Hualañé, Vichuquén y Licantén. El segundo se va a la provincia de Talca. Recién en 1937 se fijan los límites quedando con cuatro distritos: Hualañé, Caone, El Parrón y La Huerta. Y no es sino hasta 1980 cuando la extensión territorial queda como hoy la conocemos, cuando se anexa Orilla de Navarro a Hualañé y El Parrón, que era “nuestro”, pasa a ser de la comuna de Rauco.

Todo lo anterior es para graficar la serie de mutaciones que sufrió Hualañé para ser lo que hoy es. Y también para aclarar que 1928 no es un año de exclusivo nacimiento de la comuna de Hualañé, pues este decreto creó decenas de comunas nuevas en el país. Como Hualañé cumple noventa años de vida comunal, hay treinta comunas más en el país que cumplen la misma edad.

Como dije al principio, no tiene nada de malo celebrar un decreto, un documento, una firma y un timbre que te entrega oficialmente el rótulo de comuna. Lo que si resulta curioso y hasta insólito, es que ni la autoridad municipal, ni ninguna institución del pueblo se haga cargo de siquiera hacer una mención, poner un ramo de flores, escribir un poema o bailar un pie de cueca, al Monolito de Punta de Diamante, en donde nuestros antepasados escribieron en piedra que en 1963 Hualañé cumplía cincuenta años, medio siglo de vida pueblerina, llena de progreso social, cultural y deportivo.

Hoy las bandas de guerra y las organizaciones desfilan hipnotizadas rindiendo honores a algo tan frío como un decreto. Mientras cada día pasamos indiferentes frente a un monolito que nos repite como una fantasmagoría que el pueblo de Hualañé ya cumple 105 años. Aunque lo quieran olvidar o ningunear.

Espero que al menos esta columna sea un texto reparador.

Te puede interesar