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HUALAÑÉ EN LOS LIBROS: “CUENTORIETAS DE HUALAÑÉ: RECUERDOS DE INFANCIA”

En 1999 fue lanzado el libro “ Cuentorietas de Hualañé, Recuerdos de Infancia”, de Héctor Serapio Baeza Morales

Escritores de Hualañé Por: Alejandro 19 de abril de 2020
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Portada del libro

El autor vivió su infancia en Hualañé entre 1935 y 1945, década de donde extrae las historias y anécdotas que forman este libro. En más de 200 páginas hace un recorrido por la memoria de infante para detallar aspecto de la cultura y sociedad hualañecina de aquella época: el tren, las trillas, los juegos populares, las tragedias, el río, la escuela, las autoridades. Un varipinto de situaciones que rescata de su archivo infantil para plasmarlo en un libro que contribuye a conocer un poco más la historia de Hualañé.

De este libro transcribimos el relato “El cine”.

EL CINE

En algún mes del año 1935, fue anunciada profusamente una función de cine. Esta sí que era una gran novedad. En un galpón que en ese tiempo había, en lo que hoy es la calle Luis Cruz Martínez, se instaló la pantalla, en la cual se proyectaba la película. Se colocaron sillas y bancas, y con sacos, se taparon todos los intersticios de las murallas, por donde pudiera penetrar la luz.

La primera función fue una matiné para los niños, seguramente con el objeto de ver los detalles que podrían darse, en un local con instalaciones tan precarias. La película fue de Johnny Weissmüller. “Tarzán, el Rey de la Selva”. En esta oportunidad se contó con la colaboración de la empresa de don Aquiles Sani, que generaba electricidad y hubo energía excepcionalmente después de medio día.

Para qué decir la expectación que provocó en toda la población este acontecimiento. Los niños no podíamos estar más asombrados. Se trataba de una increíble novedad. Mudos, atónitos, embobados, veíamos a Tarzán, luchar a muerte con los leones; lanzarse desde los árboles en picada a ríos plagados de cocodrilos; luchas con ellos y salir siempre airoso. La película era muda, Imaginábamos los gritos de Tarzán y el silencio de la selva, así como también los silbidos, que eran seguidos por la aparición de elefantes y monos, que, como mansos corderos recibían las instrucciones de Tarzán, saliendo juntos tras la mona, que abrazaba y besaba al “rey de la selva”. De repente Tarzán aparecía sobre un árbol donde había lianas y empezaba a flotar y saltar de árbol en árbol, con más agilidad que los monos. En fin, un espectáculo jamás imaginado por ninguno de nosotros.

Así como mirábamos la pantalla, también mirábamos hacia atrás, para observar de dónde salía todo lo que se reflejaba en ella y no podíamos entender que el hecho se debía a una que pasaba de un carrete a otro, a través de una máquina eléctrica que proyectaba una luz.

Pienso que el promotor y su equipo de ayudantes, gozaban más con nuestras reacciones, que con nosotros con la película.

La película, muda, plana, y en blanco y negro, dejó sus “lecciones”. Al día siguiente, las sogas que nos servían de lazos colgaban de  los árboles y de las ramadas, y nos desplazábamos unos metros colgando de ellas, desde un punto a otro. En el canal, al bañarnos, algunos niños hacían de cocodrilos y otros hacían de Tarzán, y luchábamos hundiéndonos una y otra vez y volviendo a aparecer en la superficie en “feroz lucha a muerte”...

Actualmente nos asombramos y quedamos desconcertados con asesinatos en los colegios, sean éstos en Estados Unidos o en Chile. ¿Y qué esperamos?... La televisión en sus programas, contempla más de un 30% de películas de guerra y de sexo, y algunas u otra, sobre vida silvestre, marina o musical. ¿Quién será el responsable de lo que sucede?, ¿El chancho, o el que le da el afrecho?...

La interrogante está en el ambiente desde hace varios años. ¡Habrá alguien que dé la respuesta?...

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