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UN SUEÑO QUE NO DEJÓ DORMIR

Hace treinta años Arturo Prat se tituló como el primer campeón de Chile del fútbol amateur. Esta es solo una de las historias…

Deportes Mario Farías Contreras 29 de agosto de 2018
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La noche del 28 de agosto de 1988, la gente de Hualañé colmó las anchas avenidas del pueblo para celebrar el título de Campeón Nacional de clubes ANFA conseguido algunas horas antes por el Prat. Una copa que llenó de orgullo hasta al más humilde habitante de la comuna. Esta es sólo una parte de aquella historia…

Cuando el “Negro” Navarro corrió a abrazarse junto a sus compañeros luego de anotar el tercer gol de la final, tal vez no pensó que en ese mismo momento, a casi 300 km de ahí, todo un pueblo también se abrazaba gritando gol. Y con el pitazo final, mientras Lantadilla, Quezada o Ahumada buscaban en las galerías del estadio de Renca a los hinchas para comenzar a festejar el triunfo, en Hualañé la gente buscaba en cualquier parte a cualquier amigo para abrazar, para llorar de alegría o para balbucear entre tiritones de pera, la simple, pero significativa frase: “ el Prat salió campeón…”

Recién comenzaba la fiesta de un pueblo desconocido dentro del desarrollo urbano del país. Un pueblo sencillo, próspero y trabajador, daba rienda suelta a esta alegría que el fútbol daba a sus vidas. “El Prat salió campeón de Chile”, se repetía incrédulamente en la boca de la gente que en cada brindis de festejo inflaba su humildad, sacando el habla para opinar, para encabezar el “salud” y dar pronto inicio a la celebración, la que se contenía esperando el retorno de a esa colorida caravana de hinchas que salió de Hualañé un par de días antes para acompañar al equipo en aquel viaje rumbo a Santiago lleno de ilusión y que ahora, ya domingo por la noche, regresaban trayendo la copa.

Peregrinos del fervor del fútbol, revolviendo la caravana con la algarabía propia que merece esta gran fiesta provinciana, el carnaval de himnos, cuecas y cumbias que llenaban la cara de risa y de orgullo el corazón. Un pueblo que se abalanzaba a las calles luego de estar dos días con el oído pegado a la radio que transmitió los partidos, un sábado y un domingo imborrables de la memoria deportiva hualañecina, una gesta, el saber que se doblegó el destino, el triunfo de la sopa de pan y de las tortillas al rescoldo.

La televisión nos mandó como un regalo, al final de su programa deportivo, la imagen de los goles de la final y las palabras emocionadas de los jugadores. El cuadro de los hinchas entonando entre lágrimas el himno de alegría apareció en la pantalla como aviso premonitorio del festín. El estadio de Renca fue el testigo principal de aquella historia. Las calles de Hualañé lo fueron al ver la unión de un pueblo entorno al fútbol, una fiesta que coronaba el sueño de ser campeón.

Cuando el equipo y los hinchas llegaron de madrugada se cerró la vigilia en la que gran parte del pueblo se encontraba. Ver llegar a los muchachos, estrecharles la mano, darle las gracias por esta felicidad. Cada uno de ellos en cada uno de nosotros y todos enmarcados en una postal que hoy se recuerda con respetuosa nostalgia y sincera emoción.

Esa noche en que un sueño, el de ser campeón de Chile, instaló el insomnio colectivo en un pequeño lugar, en un pequeño pueblo en donde nadie quería dormir para no dejar de soñar. 

Muchas anécdotas se empezaban a contar. Muchas situaciones que revivir. Pero ya era lunes y eso, es parte de otra historia.

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